No hay nada tan lamentable como el desaire. Lo vivido por Ramiro Celis y sus amigos en un hotel de la ciudad de Iquitos podría incluso haber terminado en algún tipo de altercado, pues el que menos se indigna cuando lo dejan sentado en la mesa sin brindarle la comida a la hora y lo que es peor, sin ofrecerles las disculpas del caso. Felizmente el criterio primó en sus acciones y decidieron buscar, a través de las Páginas Amarillas de un local cercano, la manera de satisfacer, no sólo el hambre que sentían, sino la indignación. ¡Y vaya que sí las calmaron!

Descubrimos así que subsanar errores ajenos, descoordinaciones y malos ratos también es una solución que se brinda a través de Páginas Amarillas. Y si son situaciones que se dan con demasiada frecuencia –como lamentablemente ocurre-, resulta que son muchas más las personas que, como Ramiro y sus amigos, pueden encontrar en nosotros la solución. Luego vendrán los reclamos por supuesto, pero presentados con la firmeza y la cordura que facilita un estómago satisfecho, sin rastro de bilis.

Esta búsqueda de nuevas formas de solucionar una carencia, demostrada por Ramiro, se ve también en su portal nacido en Iquitos, un espacio dedicado a defender la verdad como fin supremo del periodismo y a interceder por el individuo frente al sistema estatal.

Agradecemos a Ramiro, que nos muestra así cómo nuestro servicio, al cual se puede tener acceso desde muchos lugares, es parte de la solución a problemas cotidianos de la gente, muchos de ellos ni siquiera provocados por el afectado, sino que simplemente suceden y para lo cual es imprescindible que la solución esté a la mano y sea fácil de consultar.


La experiencia de Rogger Alzamora con la dolencia de su hija Bárbara tiene, como todo en la vida, su lado bueno y feliz, así como uno triste.

El lado desagradable es el mismo que ha vivido cualquiera que ve enfermar a un familiar cercano y es embargado por la desesperación e impotencia. El lado bueno de la historia es que Rogger decidió consultar Páginas Amarillas y así consiguió el alivio que tanto necesitaba él y la cura que Bárbara requería con suma urgencia.

Las cosas suceden por algo, es lo que se escucha siempre. Hasta el menos creyente podría ver tambalear sus convicciones ante tanta coincidencia: el mismo taxista que los conduce reconoce que su propia hija fue salvada por el médico al que la familia acude. Hoy Bárbara, la hija de Rogger, está sana. No hay más que decir, pero sí mucho que agradecer.

En el blog literario de Rogger podemos encontrar mucha de la sensibilidad que transmite al contarnos su experiencia con Páginas Amarillas. Tal vez nunca imaginó que un día como aquél, primero gris de angustia y luego diáfano de alegría, pudiera expresarse con las mismas palabras que utiliza en su relato “Amor Pagano” : “El día estaba hecho una finura de relucientes tonos, por todas partes”.

La historia que ha compartido Rogger con nosotros es una línea más en el libro de su vida. Nos alegra mucho saber que pertenecemos a ella y haber contribuido con nuestro servicio a la calma y el alivio de toda una familia.

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