En la anécdota que comparte Rider Bendezu con nosotros, no fue necesario ningún Florazo para portarse como todo un caballero. Rider estaba en falta con una amiga y, a pesar que las señas de dónde vivía eran muy vagas, esto no fue pretexto para no presentar las disculpas del caso.

No se atrevió a llamarla para confirmar su dirección, tal vez por el temor de que a la primera palabra le cuelgue el teléfono. Nuestro blogger tuvo entonces la afortunada idea de ingresar a la Guía de Calles de Páginas Amarillas para buscar el local de un banco que su amiga le había dado como única referencia.

Por supuesto que encontró la agencia del banco -y por lo tanto la dirección de su amiga- de inmediato. En Amarillas en mi Vida nos alegra mucho haber permitido a Rider hacer las paces con su compañera. En lo que no creemos haber contribuido mucho, pero nos alegra igualmente, es en el coraje de nuestro visitante para llegar a la puerta de la casa, tocar el timbre y presentar sus disculpas, como debe ser.

La reacción de su amiga fue de las mejores y, luego de enterarse cómo había dado con su dirección, una risa selló la paz entre ambos.

Las relaciones humanas poseen un delicado equilibrio que hay que saber y querer dominar. Para quienes lo crean así será muy sencillo encontrar los recursos que necesitan para lograrlo y que están ahí, al alcance de la mano; a un click de distancia.